Esto empezó con un reloj. Pusimos una fecha: cien días para levantar una agencia rentable desde cero — o cerrar.
La apuesta: que tu cliente ya no abre Google y compara diez enlaces. Le pregunta a la IA. Y la IA le da una respuesta. Una. Si en esa respuesta aparece tu competencia y no apareces tú, no es que bajes de posición. Es que no existes para ese cliente.
Eso es lo que vinimos a resolver. Se llama AEO: conseguir que la IA te nombre cuando alguien pregunta por lo que tú haces.
Antes de salir a vendérselo a nadie, nos pusimos una regla que nos iba a perseguir todo el camino: no cobraremos por enseñar algo que no funcione con nosotros primero.
Si íbamos a prometer visibilidad en la IA, teníamos que ganárnosla antes. Nosotros. Con nuestra propia cara.
No te vamos a vender un caso de éxito ya cocinado, con el «antes» borrado. Te enseñamos la obra desde el primer ladrillo. Cada semana. Lo que probamos y funcionó. Lo que probamos y fue un fiasco — que ha sido mucho. Sin retocar la metodología para parecer más listos de lo que fuimos.
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