El espejo
Le preguntamos a la IA por nuestra propia agencia. Nos dijo que éramos una empresa de ciberseguridad.
Nos daba vergüenza hacernos esta pregunta. Se la hacíamos a todos nuestros clientes: «Si le preguntas a una IA quién eres, ¿qué responde?»
Un día, antes de vender una sola auditoría, nos la hicimos a nosotros. Abrimos ChatGPT. Escribimos el nombre de nuestra propia agencia.
La IA nos dijo que éramos una empresa de ciberseguridad.
No una agencia mala. No una agencia pequeña. Otra empresa. Una que no somos, que nunca hemos sido.
El número fue un 23 sobre 100.
En las seis preguntas que hace un cliente real — «mejores agencias de visibilidad en IA en España» — aparecimos cero veces. Y en nuestro sitio, la IA recomendaba con total seguridad a nuestra competencia, por su nombre.
Éramos una agencia que enseña a ser visible en la IA. Y para la IA, no existíamos. Peor: existíamos como otra cosa.
Fuimos a buscar por qué. Y la causa no estaba en la IA. Estaba en nuestra propia casa: dos frases mal puestas que le decían a cualquier IA que nosotros éramos, en realidad, otra marca. Nos disparábamos en el pie sin saberlo.
Lo arreglamos ese mismo día.
El resultado: nuestras menciones en la IA pasaron de 5 a 13. Más del doble. Sin escribir una sola página nueva.
No hemos ganado. Todavía no. Nos pusimos una nota de corte: un 40 sobre 100, aparecer en al menos 2 motores, que nos describan bien. No la hemos alcanzado. El 13 es una señal, no una victoria. La medición de verdad llega más adelante — y la contaremos, salga como salga.
Lo que puedes hacer tú hoy, gratis: no le preguntes a la IA si te menciona. Pregúntale «¿qué es mi empresa?» y lee la respuesta entera. Si te describe mal o te confunde con otro, ahí tienes tu 23. La confusión es peor que el silencio: el silencio te ignora, la confusión regala tu sitio a otro.
¿Sabes cómo te describe la IA hoy?
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